Mientras el mundo es testigo del inicio de los 16 Días de Activismo contra la Violencia Basada en Género (GBV), la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) urge a los gobiernos, los actores humanitarios y las comunidades a que redoblen los esfuerzos para prevenir, abordar y en última instancia poner fin a la violencia que las mujeres y jóvenes enfrentan en todo el mundo.
Cada día los equipos de la OIM se encuentran con mujeres y jóvenes cuyas historias se originan en las grietas que dejan las crisis actuales, con viajes caracterizados por el coraje, las pérdidas, y la determinación de sobrevivir. En Sudán, una madre caminó por seis días a través de zonas de intensos enfrentamientos, sosteniendo a sus hijas mientras escapaban de su pueblo. En Djibouti, una adolescente llegó sola tras haber sido separada de su familia en la Ruta Migratoria Oriental. En Mozambique, una madre embarazada de su segundo hijo vio cómo las aguas de las inundaciones se tragaban su hogar por tercera vez en cuatro años
“Me he reunido con mujeres y jóvenes que han sobrevivido a situaciones imposibles. Desde escapar de las zonas de conflicto hasta cruzar desiertos muy peligrosos para poder reconstruir sus vidas luego de haberlo perdido todo a causa de los ciclones, enfrentan riesgos exacerbados de violencia, explotación y abuso, a menudo con poco o sin acceso a servicios”, dijo la Directora General Adjunta de Operaciones de la OIM Ugochi Daniels. “Mantenerlas seguras debe seguir ocupando un lugar central en cada respuesta. Estoy muy orgullosa porque las operaciones de la OIM ponen a las mujeres y las jóvenes en un lugar central. Pero necesitamos hacer más, y necesitamos hacerlo mejor”.
Mundialmente una de cada tres mujeres experimenta violencia en sus vidas. Para las mujeres y jóvenes que viven en contextos de conflictos, desastres y desplazamiento, los riesgos aumentan marcadamente en un 70%. Muchas no tienen la posibilidad de acceder a servicios o denunciar los abusos con garantías de seguridad, en especial en países en donde los sistemas de protección están muy debilitados por las crisis, como por ejemplo en Afganistán, Myanmar, Sudán, Haití, la República Democrática del Congo y Gaza.
A lo largo de la Ruta Migratoria Oriental más mujeres y jóvenes se ven forzadas a realizar viajes que alguna vez eran más frecuentes en el caso de los hombres. Muchas de ellas enfrentan matrimonios forzosos, trata, explotación sexual y otros abusos ocultos en desiertos remotos y en ciudades de tránsito. A pesar de los mencionados desafíos, la OIM sigue implementando sistemas de protección, empoderando a actores locales y brindando servicios y cuidados vitales.
El trabajo de la OIM se extiende a 157 países que trabajan con los Gobiernos, con organizaciones lideradas por las mujeres locales y otros asociados para poner los servicios al alcance de quienes más los necesitan. Desde equipos móviles de protección que se mueven entre sitios de desplazamiento hasta la identificación de sobrevivientes, conectándolos con cuidados médicos, con primeros auxilios psicosociales y entregando kits de dignidad, la OIM apoya los espacios seguros para mujeres y jóvenes, ofreciendo un refugio en el que las sobrevivientes pueden hablar libremente y empezar a sanar.
A lo largo de las rutas migratorias terrestres, la OIM opera centros de respuesta a migrantes que ofrecen una cuerda salvavidas para millones incluyendo la oportunidad de regresar al hogar voluntariamente y de reintegrarse a sus comunidades. Un monitoreo de protección continuo a lo largo de la ruta ayuda en la identificación de nuevos peligros, permitiendo que los servicios se adapten y garantizando que las mujeres y las jóvenes no tengan que enfrentar solas esos peligros.
En áreas proclives a los riesgos climáticos que empujan a las familias a ciclos de desplazamiento, la OIM apoya a las comunidades para que puedan reconstruir hogares más seguros, fortalecer la infraestructura resiliente al clima e implementar mecanismos de protección comunitaria que reduzcan la exposición a los peligros, entre ellos el de la GBV.
Mientras las crisis se intensifican y el nivel de desplazamiento aumenta, la OIM reitera su compromiso de defender la seguridad, voluntad, y dignidad de las mujeres y jóvenes en todas partes. La Organización sigue promoviendo sistemas de protección más seguros, una mayor transparencia a la hora de rendir cuentas y la integración de la mitigación de riesgos de GBV a todas las operaciones.













